El acoso escolar y el ciberacoso, que suele acompañar al primero, son por desgracia fenómenos mundiales y, por suerte, los gobiernos y escuelas de cada vez más países están dedicando grandes esfuerzos para paliarlo cuando no acabar con esta lacra. La mayoría de programas que luchan con el acoso y ciberacoso se centran en el triángulo que forman la víctima, quien la maltrata y los que lo aplauden.

Hace unos años se creía que con campañas de sensibilización sería suficiente para luchar contra el acoso, pero se ha demostrado que medidas como la sensibilización, el incremento de vigilancia sobre los niños, la tolerancia cero respecto a la violencia por parte de los institutos o poner en un mismo grupo o clase a los niños violentos son inefectivos para reducir el acoso.

En cambio, según explica la Wikipedia, “son efectivos métodos como incrementar la empatía con las víctimas, adoptar programas que incluyan a profesores, estudiantes y profesores, y hacer que sean los propios estudiantes quienes lideren las iniciativas anti-acoso”. Es bueno también que estas iniciativas se realicen a las edades más tempranas posible y que los programas se re-evalúen con asiduidad para comprobar que siguen siendo efectivos.

Está demostrado que el acoso baja considerablemente cuando los estudiantes desaprueban esta práctica y no aplauden a quien la practica. El primer país que incidió en ello fue Finlandia, con el proyecto Kiusaamista Vastaan, que significa “contra el acoso escolar”, llamado también KiVa. La principal novedad que aportó esta iniciativa a la lucha contra el ciberacoso fue no trabajar solo con la víctima y el maltratador, sino también con quienes apoyan al acosar, bien aplaudiéndolo, bien no poniendo en duda lo que hace.

KiVa nació cuando el Ministro de Educación de aquel país, Antti Kalliomäki pidió a un grupo de investigadores de la Universidad de Turku, que llevaban 25 años estudiando cómo se relacionan los niños, que diseñasen un programa. El programa arrancó en 2007, financiado por el gobierno, en 234 centros educativos. Los resultados fueron muy buenos: en un año ya se notaba cambio, con una reducción de alumnos acosados del 40%, y en unos años más KiVa casi acabó con el acoso en el 79% de las escuelas que partiparon en el “experimento”.

El objetivo de KiVa es conseguir que los testigos del acoso no participen en el mismo ni siquiera mediante la comunicación no verbal, sino que empaticen y defiendan a la víctima. Para ello los estudiantes reciben diversas clases especiales a los 7, 10 y 13 años, donde se les enseña a mejorar la convivencia y detectar qué es acoso. Además, durante el curso se realizan diversos trabajos relacionados con el respeto a los demás.

En cada colegio hay un equipo formado por tres adultos que monitoriza si hay casos de acoso y/o ciberacoso. Si lo detectan, primero se reúnen con la víctima, para tranquilizarla, y después con los acosadores. Una idea que está funcionando muy bien es el buzón virtual donde las víctimas pueden denunciar su caso, dado que uno de los grandes problemas en el acoso es que los niños no denuncian su caso.

Otros países han desarrollado propuestas parecidas, como el Programa Zero, nacido en Noruega, que confía en la autoridad del profesor para manejar el problema. Y el Programa Be-Prox, suizo, que trabaja desde un enfoque sistémico y orientado a los valores: sensibilización, códigos de conducta, “hablar de ello”…

De todas formas, el psicólogo José Antonio Luengo, Secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y autor del informe “Ciberbullying. Prevenir y actuar” considera que no se puede traspasar lo que funciona en un país a otro tan fácilmente: “Finlandia es un país especial y nada comparable a España. KiVa ha tenido éxito, entre otras cosas, porque una universidad estaba detrás del proyecto y lo ha ido evaluando”.

Luengo nos recuerda que “en nuestro país se vienen desarrollando iniciativas de prevención de la violencia entre iguales y de promoción de la convivencia pacífica desde hace más de 20 años, con muy buenos resultados”. El problema, dice, es que estos no han sido tan bien publicitados como el caso finlandés pero en España “con menos publicidad, nos estamos basando también en el trabajo con grupos, la sensibilización, información y formación de los grupos de iguales, dedicando tiempo a trabajar la convivencia en sesiones de acción tutorial”.

El psicólogo pone como ejemplo la labor que se está realizando en Madrid, con las estrategias y recursos educativos de “Mejora de la Convivencia y Clima Social de los Centros Docentes” que ofrece guías y manuales tanto para los centros como para las familias y los alumnos, con estilo de actuación muy parecido al finlandés. Y a nivel nacional el Plan Estratégico de Convivencia Escolar.

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