Soy trabajadora social desde hace más de 25 años, trabajando siempre con personas y familias en dificultades. Durante 10 años estuve dedicada a la protección de menores, de los cuales 2 fueron con menores con medidas judiciales. Soy madre desde hace casi 31 años y feminista desde que fui consciente de lo que suponía nacer mujer. He tratado siempre de transmitir a mis dos hijos todos los valores y herramientas de vida que desde mi familia y el ejercicio de mi profesión, fundamentalmente, me han ido conformando como ser humano que vive en sociedad.

En enero de 2018 mi hijo pequeño que aún tenía 14 años (lo llamaré Jota a partir de aquí) sufrió una agresión a la salida del instituto, precisamente por querer defender esos valores que desde la familia le hemos querido dejar como principal herencia. Un compañero de su clase llevaba meses sufriendo acoso por parte de un grupo de “valientes”. Jota trataba a diario de acompañarlo a la salida de clase para evitar el acoso. Una mañana de enero, nada más empezar las clases, mi hijo decidió que estaba harto de hacer de guardaespaldas y se lo comunicó al Jefe de Estudios. Este avisó a la policía local para que tuviera más cuidado durante los 10 minutos que permanecen en el horario de salida. A las 14 h cuando Jota atravesaba la puerta principal de acceso al centro, dos de estos “valientes” le gritaron: “¿Tú de qué vas, chivato? ¡Te vamos a romper la cabeza!” Mi hijo vio cómo el coche de la policía aún permanecía frente a la puerta (aunque ya arrancando) y les contestó a “los valientes” que tuvieran cuidado con lo que decían o hacían pues allí estaba la policía. Los dos agresores se fueron y Jota inició camino de vuelta a casa. Unos metros más adelante volvieron a aparecer, a una distancia que aún se podía ver el centro escolar. Uno de ellos, el que le había gritado, fue el que comenzó a golpearle. Mi hijo, que practica kickboxing y está federado, sabe que no puede contestar con otra agresión o lo expulsan (¡bendita federación!). El otro miraba con las manos en los bolsillos de la sudadera. Jota temía por si llevaba una navaja, por lo que tan solo se tapaba con los brazos como mejor podía, tratando de parar los golpes. Pasaban coches de padres y madres que habían recogido a sus hijos e hijas… pitaban, pero ninguno paraba. Fue otro compañero de un curso superior el que llamó la atención a los agresores y paró la agresión. En ese momento Jota corrió hacia el instituto de vuelta para avisar al Jefe de Estudios, quien me llamó por teléfono. Fuimos al centro de salud para reconocimiento médico. Después, con el parte de lesiones del médico, nos fuimos a interponer denuncia ante la Guardia Civil. En estos momentos seguimos a la espera de que se celebre el juicio.

También los chicos y chicas menores de edad han de saber que sus actos tienen consecuencias, siempre, y estas consecuencias han de estar ajustadas a la Ley. Nadie tiene derecho a tomarse la justicia por su mano.

Tras este incidente, he querido plasmar por escrito lo sucedido con las siguientes tres reflexiones, tratando de sacar algo positivo de lo vivido como madre de un adolescente que se decidió a seguir los pasos que en todos los métodos de prevención del acoso aconsejan: dar protagonismo a testigos y animarles a que no callen.

No debemos justificar jamás actitudes violentas porque lo consideremos “cosas de críos” (ni cuando están en edad de escuela infantil). Aunque solo hubiera habido una actitud agresiva verbal, ES VIOLENCIA. Dos reflexiones finales más: es muy sano que enfrentemos a nuestros hijos e hijas a las consecuencias de sus actos. La justicia de menores para acciones de este tipo es educativa. Sin huella penal en España. Por ello aconsejo poner denuncia siempre y que aprendan a entender cómo ha de funcionar una sociedad democrática. Finalmente, algo falla en el protocolo de prevención del bullying en este país. No puede ser que el final de la historia para un adolescente que decide alzar la voz en defensa de un compañero que está sufriendo violencia sea la de recibir una agresión por ello. Mucho por hacer todavía como sociedad.

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