El viejo chiste de “En Internet nadie sabe que eres un perro” sigue hoy en día plenamente vigente. Nunca podemos estar totalmente seguros de si la persona con quien hablamos es quien dice ser. Esto ha provocado múltiples engaños y fraudes que se aprovechan de la inocencia de las personas. Niños y adolescentes, por ser los más inocentes, son víctimas frecuentes de quienes se hacen pasar por buenas personas sin serlo.

La Wikipedia define el “grooming” como “una serie de conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto, a través de Internet, con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, creando una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las preocupaciones del menor y poder abusar sexualmente de él”. Es el arte de manipular a otro para que haga lo que queremos. El objetivo del ciberdepredador es que sus víctimas inicien con él una relación sexual virtual que con el tiempo puede ser física.

En el caso de los niños y adolescentes, el engaño empieza cuando un adulto se hace pasar por uno de ellos en un chat, un foro, una red social o incluso en plataformas de juegos online. “Se convierten en sus mejores amigos, les seducen por medio de la atención, el afecto, la bondad o haciéndoles regalos”, explica Ángel-Pablo Avilés en su charla “Ciberdepredadores de la red”.

Para que no se descubra el engaño los ciberdepredadores se sumergen totalmente en el mundo infantil y adolescente con el objetivo de parecerse a ellos: conocen los programas de televisión que les gustan, los juegos de moda, las últimas novedades musicales… y así se van convirtiendo en el amigo y defensor del niño o la niña, escuchan sus problemas y se compadecen de ellos.

A medida que aumenta la conexión emocional y se ganan su confianza, consiguen un contacto físico más directo, pasando de hablar en una red social generalista a obtener el número de teléfono del menor y acceso a su WhatsApp. A partir de aquí, las conversaciones podrán empezar a subir de tono: “Incorporan gradualmente contenido sexual en sus conversaciones o les muestran contenido sexual explícito”, explica Avilés.

El siguiente paso, tras las fases de contacto y de toma de confianza, es la seducción, donde, explica el experto, “se convence al adolescente para que se desnude, realice tocamientos, se masturbe o adopte poses con connotación sexual”.

A esta fase la seguirán las amenazas y coacciones: cuando el depredador tiene suficiente material comprometedor del menor, le amenaza con mostrarlo a sus amigos y familiares si no le manda más imágenes o accede a un contacto físico. La amenaza es realmente grave para los niños porque el depredador ha investigado en qué colegio va, qué extraescolares hace y sabe dónde puede hacer más daño.

En 2017 se contabilizaron en España casi 400 casos de “grooming”.  El Instituto Nacional de Ciberseguridad ofrece algunos consejos de actuación si se descubre que un menor está siendo víctima de “grooming”:

  1. El menor debe saber que puede acudir a adultos de confianza en busca de ayuda. Es el momento de transmitirle una actitud de seguridad y madurez para que se sienta protegido.
  2. Ser prudentes y mantener la calma, no cuestionar al menor ni culpabilizarle. Reforzar nuestro apoyo incondicional.
  3. No actuar irreflexivamente, no dejarnos llevar por la situación. Recoger cuanta más información mejor, no borrarla ni contactar con el acosador porque puede dificultar o agravar el problema.
  4. Nunca aceptar el chantaje del acosador.
  5. Denunciarlo a las fuerzas de seguridad.
  6. Buscar ayuda psicológica que ofrezca apoyo emocional al menor y su familia.

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